viernes, 26 de diciembre de 2014

Infinito desconsuelo en Enero


Una lluvia tan rabiosa debiera haberme convencido de no salir hoy.
Ensordece al caer el agua y la calle es un río, un caudaloso río que arrastra toda la basura del rutinario vivir en las aceras. De las cornisas cuelgan traslúcidas cortinas del agua desbordada. A cambio, todo se limpia. Toda la suciedad se marcha. La invisible y tóxica nube que todo lo invadía es arrastrada, arrancada por la fuerza persistente de la cristalina lluvia; borrado todo rastro de lo sucio, como cerrando un ciclo para empezar de nuevo desde la pureza impoluta del génesis.
Ni siquiera me cubro bajo las terrazas. Las gotas me golpean con saña. Necesito de su fuerza como si con ellas se llevaran también el desgarrador dolor que ya me está destruyendo sin un final.
Vagando por las calles ignoro los gritos. Entre los vehículos sorteo a la muerte que no termina de llegar. Y me clavo de rodillas, en medio de la avenida, llorando tan desconsoladamente que provoco, lo sé, una lástima dolorosa a los que me ven.
Me llevan fuera del peligro de los coches pues yo no tengo fuerzas para moverme, sólo puedo llorar, pero son mis lágrimas y no mi dolor las que se funden con la lluvia. Y alguien deja, con la mayor delicadeza posible, mi cuerpo lacio en un portal, a salvo de la rabiosa lluvia y del peligro mortal de la carretera. Pero yo no quiero vivir, tampoco morir. Yo sólo quiero estar con ella, y como alimentando a mi llanto vuelvo a comprender que eso no va a pasar jamás...

7 comentarios:

  1. Hola Miguel.
    Un relato conmovedor, las imagenes duelen.
    Excelente.
    Abrazo

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  2. Mucha tristeza pero también hay que entender que son momentos que deben ser vividos como el resto. Muy bueno Miguel Ángel. Un abrazo

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  3. Triste,desgarrador,cruel y lleno de sensaciones tremendamente reales. La ambientación es magnífica. Un gran relato sin dudas

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  4. Excelentes imágenes, Miguel. Un relato desgarrador. Es escalofriante el momento en el que se clava de rodillas. Muy bueno, amigo!

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  5. Que forma de narrar el dolor Miguel. Casi podría decir que fui yo quien hincada sintió más que nunca aquel espantoso dolor que me cubre bajo la pertinaz lluvia. Muy bueno.

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  6. Hola Miguel Ángel.
    Desgarrador.
    Recibe el abrazo de mi alma a la tuya, de mi corazón al tuyo.
    Un gran abrazo.

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