sábado, 6 de junio de 2015
El secreto de La Mansión Krausengroud
Claire Sephard se detuvo ante los impresionantes muros de piedra. No pudo evitar que un escalofrío recorriera su espina dorsal como tampoco pudo evitar un deseo irrefrenable de volver a su Wolsvagen y marcharse de aquel macabro lugar. Se sentía fuerte, el último tratamiento le había sentado muy bien y le había dado fuerzas, respiró hondo y se dirigió a la puerta enrejada.
Esta era su gran oportunidad. Si bien sabía que no había sido por méritos propios, ya que su padre era el director del periódico, lo que estaba claro era que esta entrevista iba a catapultarla al éxito, al periodismo de categoría. A partir de este reportaje, su firma sería sinónimo de un buen artículo. Era la primera vez en la historia que La Mansión Krausengroud concertaba una entrevista y su padre ¿Cómo no? La había elegido a ella.
Sus tacones tronaban sobre el parquet del larguísimo pasillo por el que un enfermero que más tenía aspecto de matón la iba acompañando hacia el despacho de la Señora Krausengroud, la directora del centro. Por el camino, era observada con ojos temerosos por los enfermos, todos con un aspecto escalofriante. Le causaron repugnancia a la vez que un creciente horror al especular sobre que era lo que se escondía tan recelosamente en aquel lugar.
La Señora Krausengroud tenía un aspecto tranquilizador, sereno, y unas formas amables y correctas. Claire lo agradeció ya que esto la ayudo para conducir la entrevista de manera ordenada y concreta. La primera hora se fue en contar un poco la historia del lugar, sin adentrar en el punto que ambas sabían inevitable. La Señora Krausengroud estuvo contando como heredó la Mansión ya funcionando exactamente igual que hasta entonces, residencia para enfermos terminales. Cuando Claire consideró que el ambiente era el adecuado, dio un trago de agua y lanzó la pregunta esperada.
-Dicen que los enfermos están recluidos, Señora Krausengroud, que están aquí contra su voluntad ¿Podría decirme cuánto hay de cierto en estos rumores?
La elegante mujer, sin demostrar sorpresa u otra sensación, la miró sonriendo y comenzó a hablar.
-Querida, te voy a contar todo lo que has venido a investigar, absolutamente todo. La Mansión Krausengroud es, efectivamente, un centro donde se recluye a enfermos terminales que la medicina, la curandería y los rezos ya han desahuciado. Son personas que ya sólo esperan morir y lo único que harían fuera de este lugar sería estorbar en las vidas de los que los rodean, que se ven obligados a estar cuidando de ellos constantemente.
-Pero... Eso es ilegal, no pueden obligarles... Quiero decir. Sus familias denunciarán sus desapariciones supongo, les habrán investigado en alguna ocasión...
-Señorita Sephard, el estado esta enterado de nuestra actividad. Precisamente la mayoría de los internos son familiares de gente muy influyente que ha necesitado deshacerse de ellos para continuar con sus vidas sin ese sufrimiento y esa dedicación que requerían. Sus propios familiares los engañan para que ingresen con cualquier excusa y, una vez aquí, se olvidan de ellos para siempre.
-¿Es usted consciente, Señora Krausengroud, de que voy a hacer pública esta entrevista? ¿De que todo el mundo se va a enterar?
-No lo ha entendido Claire. Usted no va a volver. Su habitación está preparada.
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Excelente Miguel, aunque se veía venir, el final es magnifico. La atmosfera del lugar está muy bien lograda.
ResponderEliminarGran trabajo amigo.
Abrazo
Muy bien ambientado el relato. Era inevitable ese final. Muy buen micro Migue :)
ResponderEliminarBuen sábado.
Ay por favor. ¡Qué siniestro! Y su padre... que "bueno" entregándole aquella entrevista. Espero que hagas una segunda parte y que pueda escapar para contarle al mundo la perversidad del sitio. Me has sorprendido. Un abrazo.
ResponderEliminarA claire también la habían "internado", jeje. Muy bueno, Miguel Ángel, comparto gustosa. Besos y feliz finde:-))
ResponderEliminar¡¡El final me ha producido un auténtico escalofrío!! Qué terrible sitio, pero más aún qué terribles personas aquellas que necesitan los servicios que ofrece...
ResponderEliminarUn relato genial, Miguel Angel, mantiene el interés y la expectación hasta el final :)
Un abrazo!!
Ahhhhh!!! Cómo eres Miguel Angel!!! Me encanta!!
ResponderEliminarMil besos...
Escalofriante final, Migue! Una atmósfera muy bien lograda.
ResponderEliminarPobre Claire. Además, al parecer ella tiene una enfermedad terminal. Aunque si se lo piensa bien, al menos no estará mucho tiempo en la misteriosa mansión Kausengroud.
Excelente prosa, como es costumbre en tus relatos.
La manera más sencilla de recluir a alguien es atraerlo de modo que sea este quien se adentre en la boca del lobo por su propio pie. Un lugar horrible, una atmósfera inquietante, un relato estremecedor.
ResponderEliminarSaludos, compañero.
Un final exquisito, me hizo sonreír. Muy pero muy bueno. Saludos...
ResponderEliminar¡ Muy bueno, pá cagarse encima !
ResponderEliminarEnigmático como tú.........
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